La terraza surrealista

martes, 27 de mayo de 2008

 


Pasaron el día entre terrazas. Y a medida que pasaban las horas sus pasos se hicieron más y más perfectos. Un grupo de amigos. En una terraza la bruja-sapo ayudó a otros a sangrar sus uñas hasta no poder más. En otra, las fuerzas centrífugas hicieron que un clip en la oreja se convirtiera en panacea de la juventud y la atracción. En las terrazas, todos sientan, ríen, esperan y hablan... La mujer de blanco, invisible, pasea serena entre vasos y rabas. En las terrazas, con apuestas sobre la mesa,codos engrasados y miradas de sorpresa. Con abuelos soñolientos y soles que ciegan a los ebrios. En ese día descubrimos que en las terrazas de bar: no hay vergüenza ni se necesita, que el dios de la niña con vestido de primera comunión no existe, que aún es posible correr por campos sin nada que ocultar y que las ovejas y las ocas suelen caer con facilidad. Y por último que en momento de fatalidad lo mejor es gritar.

0 comentarios: