Muerte y vida

miércoles, 26 de marzo de 2008

 


La rueda está en el asfalto. Todo es constante. La lluvia golpea mis cristales. Y yo vuelo. Correr para llegar, o llegar para correr. En un desvío del destino, mi pegaso salta. En el lago del asfalto, la niebla me ilumina. El tiempo se para, y mi coche gira. El vertigo eterno de la vida llama a mi corazón. Un tiovivo sin eje, un tren sin rail. Todo es incontrolable. Sólo espero. Mi mente respira. Y la lluvia es fría. El viento susurra una canción. El frío del metal y el dolor de la sinrazón. Todo se acaba. Mamá, mamá, mamá, mi alma y mi voz gritan. Nunca antes llamé a aquella que me vio nacer. De repente sí, todo paro. shhh, silencio. Un fotograma congelado en un día gris. Los indios del oeste se aproximan, cabalgan veloces hacia mí. Quien me sacará de aquí! Una mirada rápida de una mujer rubia. Me vió y se fue. Demasiado rápido. Mi mirada era demasiado desesperada. Pero, una sombra vino. Sin apenas preguntar, me salvó. Otros tres llegaron. Algunos no pararon. Ellos sí. Su destino y el mío entrelazado en momentos de vida. Fue mi héroe. Saco mi carroza del lodo, y paro, con gesto firme, a las decenas de indios alocados que hoy, corrían por llegar. Y llegaban para correr aún más. Mis héroes anónimos. Hoy es un día nuevo, y mi corazón vibra. Me he salvado, hoy realmente estoy viva.

Accidente en la A8
26 de marzo de 2008

1 comentarios:

Nacho Noriega dijo...

q arte niña, doy fe de q está basado en un hecho real. Hay q ver con q sentimiento interiorizas tus experiencias.... si s q eres una folclórica de los pies a la cabeza!!!!!! (nacho)